El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite

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El mundo de Carmen Martín Gaite es un remanso de paz, un depósito de humanidad y bonhomía, una garantía de buena prosa, fuente de simpatía, de franqueza, de serenidad. No valoro igual todo lo que ha escrito, pero su imagen se ha mantenido en mí a lo largo del tiempo, con cada entrevista suya que he visto o leído, cada aparición pública, cada fragmento de su obra. En esta, concretamente, no se puede ser más sencilla y franca hilvanando recuerdos, recurriendo a su enorme imaginación, desvelando con humildad posibles defectos. Es decir, la ves (o la lees, o la escuchas) y no tienes más remedio que quererla.
Este alarde de hibridismo literario no es, me parece, lo mejor que escribió la autora en su vida. Su principal interés reside en las anécdotas biográficas con que salpica el hilo principal, las referencias a las arcaicas costumbres del pasado y ese atisbo de su entrañable personalidad que se trasluce en cada página. Sin olvidar su compromiso feminista:

“… la negra amenaza de quedarse soltera, implícita en todos los quehaceres, amenazas y prédicas de la Sección Femenina.  La retórica de la posguerra se aplicaba a desprestigiar los conatos de feminismo que tomaron auge en los años de la República y volvía a poner el acento en el heroísmo abnegado de madres y esposas, en la importancia de su silenciosa y oscura labor como pilares del hogar cristiano. Todas las arengas (…) se encaminaban, en definitiva, al mismo objetivo: a que aceptásemos con alegría y orgullo, con una constancia a prueba de desalientos (…) nuestra condición de mujeres fuertes, complemento y espejo del varón.”“Bajo el machaconeo de aquella propaganda ñoña y optimista de los años cuarenta, se perfiló mi desconfianza hacia los seres decididos y seguros, crecieron mis ansias de libertad…”

En cambio, pienso yo, ese intento de abarcar varios géneros no ha acabado de quedarle redondo. Y la cosa prometía: un misterioso caballero enlutado visita a la escritora en su casa y le somete a una especie de interrogatorio sobre su proceso creador, su forma de ser y su vida en general. Las constantes referencias a la fantasía suponen un guiño a los lectores. El visitante es personaje de ficción a quien –con Unamuno de precedente– se le ha otorgado la facultad de hablar con su autora. Gaite va hilvanando opiniones literarias, melancólicas descripciones de su ser y su estar cotidianos, pinceladas históricas, esbozos de rebeldía, recuerdos infantiles –que por momentos me recordaban a las memorias llenas de encanto de Rosa Chacel–, nuevos proyectos literarios, alusiones a sus escritos… La fantasía y el absurdo se adueñan de la situación a veces, otras impera el realismo; en general, lo predominante es la cordura aunque en algún punto concreto presintamos un acercamiento casi íntimo entre ambos que nunca se llega a producir.
Es cierto, repito, que Martín Gaite ha escrito cosas mejores, pero cuando un autor ha puesto el listón así de alto, compararle consigo mismo no le favorece casi nunca, lo mejor será recomendar esas maravillosas novelas, esos ensayos tan bien documentados, recordando de paso la posición excepcional que la escritora ocupa en el panorama de nuestras letras.



PRIMERA EDICIÓN: 1978 - CLÁSICO – VARIAS EDICIONES - PÁGINAS: 256

Comentarios

  1. Tienes razón en que no es este libro de los mejores de Carmen Martín Gaite. Pero en mi autobiografía lectora y casi diría que personal, es de los libros que tengo un cariño especial. Me da calorcito :)

    Un abrazo

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  2. Es que ese es su mayor mérito, aunque hay esbozos de cosas que merecerían más desarrollo. Por eso hablo de las cualidades de ella casi más que del libro en sí, porque es un pedazo entrañable de su forma de ser.

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