La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco

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No, no me ha decepcionado. Contra todo pronóstico, y a pesar de lo que repetían los agoreros, a saber, este autor es un bluf y su novela (se referían a la primera) una construcción artificial que no se va a concretar en una obra posterior coherente; es imposible que su autor, con lo que conocemos de él, con su rostro, su origen, su profesión de publicista, su edad... (sobre todo su edad) sienta el ambiente rural de esa manera, todo lo que dice es impostado, hasta el vocabulario resulta demasiado preciso, muy rebuscado, quizá. Bien, el propio autor reconoce que cargó un poco las tintas con la profusión de términos campesinos o apenas usados debido a la poca entidad de sus significantes. Pero el amor por lo rural es auténtico. Y el futuro se lo está construyendo él solito, con su esfuerzo, su constancia, un rigor poco común en estos tiempos y por tanto más que encomiable, y el talento que le ha tocado en suerte. A ver quién da más.
Todo el mundo tiene derecho a juzgar una obra, lo que no me parece de recibo es opinar sobre la dirección de una carrera. Si Carrasco ha decidido tomar ese camino ¿quienes somos los demás para juzgarle? Otros -en concreto, la generación que le precede- se han hartado de escribir sobre la guerra civil, que no vivieron que probablemente no les interese tanto, simplemente porque era un filón, estaba de moda, lo hacían todos. Y eso sí que me parece impostado. Ahora que tenemos perspectiva estamos viendo que, refugiados en una problemática bastante ajena a ellos, olvidaron hablar de su generación, de los problemas del presente, de los propios conflictos personales, de sus particulares fetiches estéticos.
El paisaje de Carrasco carece de cronología, ninguna de las dos novelas que tiene en su haber concreta sus coordenadas temporales. Se trata de fábulas, de parábolas, de alegorías con una clara intención ética, aunque expone sin juzgar y ese es uno de sus méritos. La tierra que pisamos es más inconcreta, si cabe, que Intemperie, ya que se trata de una ucronía, es decir, no se apoya en ninguna circunstancia histórica real. Lo que sucede en la novela es bastante improbable -al menos en la Extremadura posterior a 1900, que es la que aparece retratada- pero no del todo imposible. De hecho, se inspira en una serie de acontecimientos conocidos por todos que tuvieron lugar en diferentes fechas y en los puntos del planeta más diversos.
No niego que Carrasco está todavía encontrando su voz, le delata su excesivo apego a las referencias: Delibes todavía sigue ahí, McCarthy no tanto, y ahora aparece el Ramiro Pinilla de La higuera, no sé si casualmente, en la piel de ese personaje que, a causa de un trauma grave, con ánimo reivindicativo o no, ocupa un buen día un pedazo de tierra y se queda ahí, sin hablar con nadie ni dar más explicaciones, con la consiguiente conmoción y malestar creciente de los lugareños que le observan. 
Otro rasgo evidente es que sigue adquiriendo técnica. Como él mismo ha declarado en alguna entrevista, antes fue el rigor léxico, ahora el modelado de la estructura. Y lo hace minuciosamente, de la misma forma que, antes que él, tuvo que construirse cualquiera de los grandes. Eso indica que tenemos Carrasco para rato, que le queda mucho por hacer y que, si consigue lo que se ha propuesto, nos esperan unas cuantas sorpresas. Pero nos hemos acostumbrado al recurso fácil, al truco que no supone un gran esfuerzo, a estructuras endebles, a contenidos banales, a personajes clónicos. ¿Cómo vamos a reprochar a nadie que siga el camino opuesto y deje de dar gato por liebre?
Ya he indicado el arranque de la trama. Su desarrollo consiste en la investigación que realiza la propietaria de las tierras donde se ha aposentado el individuo en cuestión, un tal Leva, probablemente su antiguo dueño, y la recreación de las circunstancias que le arrancaron de ella así como de su familia y convecinos y le condujeron a campos de trabajo (nórdicos o centroeuropeos, según parece) donde cuadrillas enteras de esclavos cortaban y acarreaban madera con destino a las traviesas de un ferrocarril que suponemos de amplio recorrido. Encontramos aquí ecos de Siberia, del nazismo, la conducción a América de contingentes enormes de africanos y de cualquier colonialismo con sus caracteres, más que reconocibles, de desprecio por los seres humanos, su integridad física y sus sentimientos, cosificación, aprovechamiento de la fuerza del trabajo para enriquecimiento de sus promotores, condiciones de vida infrahumanas, anulación de voluntades hasta eliminar todo rastro de dignidad, pensamiento e identidad que les haga reconocibles como seres humanos. 
A esto hay que añadir el proceso de toma de conciencia que atraviesa la narradora, la asunción de culpabilidad -de la que le correspondería legítimamente y, en vista de que nadie asume nada y que la ocupación en sí y la forma de realizarla se considera inevitable, sensata y lógica- de la de su compatriotas; así como su particular proceso de comprensión de lo ocurrido y los torpes cambios que se producen en su forma de vida con el fin de remediar lo que tiene ya poco remedio.
El ritmo está perfectamente medido, la verosimilitud es total dentro de los parámetros que se proponen, la prosa irreprochable, la estructura compleja. No solo en cuanto a la cronología, también en el punto de vista, que teóricamente corresponde a la señora Holman pero empieza a diversificarse según va recurriendo a fuentes diversas (el susodicho Leva, un topógrafo militar, un cura, sus propias elucubraciones...) y hasta en la divergente interpretación de los hechos a medida que progresa la acción.

PUBLICACIÓN: 2016 - EDITORIAL SEIX BARRAL (COLECCIÓN BIBLIOTECA BREVE) - PÁGINAS: 272

Comentarios

  1. Tu crítica me crea la necesidad de leer este segundo libro de Carrasco. Si a ti no te ha decepcionado, será porque es bueno y además que lo explicas muy bien sin desvelar nada.
    Gracias

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  2. Por si a alguien le interesa, dejo aquí las opiniones del autor:

    http://elasombrario.com/la-tierra-que-pisamos-vuelve-un-telurico-jesus-carrasco/

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  3. Muy buena reseña, Molina. Gracias por dejarme el enlace.
    Un abrazo.

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  4. Muchas gracias, Rita. Lo dejé porque me pareció muy interesante tu punto de vista.
    Un abrazo

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