The Taqwacores, de Michael Muhammad Knight

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Lo contestatario siempre ha sido un elemento imprescindible para sacudir las polillas de una sociedad caduca y dejar que entre aire fresco, y eso solo lo puede hacer la gente joven, sangre nueva que ve la vida con otros ojos y no le duelen prendas a la hora de tirar por la ventana cualquier cosa que estorbe por mucho prestigio que tenga.
Y, si de contestación hablamos, ¿qué hay más contestatario que el punk? Un movimiento que no podemos decir que haya nacido ahora, ni mucho menos, Ha cumplido ya cuatro décadas. Pero, por una parte, siempre se está renovando: el punk de hoy, por supuesto, no es el de los años 70; por otra, lo que le caracteriza es, precisamente, su tendencia a la iconoclastia.
¿Cuál sería la línea de pensamiento más alejada del punk? Probablemente responderíais que algo muy retrógrado, encorsetado y saturado de normas. Cualquier religión, la islámica, por ejemplo.
Sí, pero en el Islam también hay jóvenes. Muchos. Y los jóvenes aman la música. También a ellos les gusta transgredir, cuestionarse lo que han recibido, relativizar las cuestiones absolutas. En definitiva, anhelan ser libres.
Los jóvenes musulmanes estadounidenses de principios de este siglo estaban buscándose a sí mismos, necesitaban un aglutinante para tanta energía que, a la vez, pudiesen conciliar con la doctrina heredada.
Entonces llegó él: Michael Muhammad Knight, un neoyorkino de procedencia irlandesa y raíces católicas que se convirtió a la religión de Mahoma, siendo todavía adolescente, tras haber descubierto a Malcom X a través de un grupo de rap. Poco después viajó a Pakistán, estudió en una mezquita de Islamabad y se sumergió en los ambientes islámicos. Pero al volver a Estados Unidos empezó a cuestionarse algunos dogmas y sintió la necesidad de verter sus dudas en un libro que tituló The Taqwacores. Así comenzó una carrera literaria y surgió el llamado punk islámico, En adelante la novela sería considerada libro de culto, algo así como El guardián entre el centeno islámico y la guía espiritual para los musulmanes de toda una generación nacida en Occidente.
La trama es sencilla pero perfectamente narrada: un chico musulmán tiene que trasladarse a la universidad de Búfalo y decide complacer a sus padres compartiendo un piso de confesión islámica reconocida, habitado por un grupo de jóvenes que convocan a la oración semanal al público que quiera acudir. Aún así, lo que finalmente encuentra es una espiral de desmadre, cuestionamiento constante del dogma, mucha fe a pesar de todo, abundante polémica y una convivencia fraternal. Allí viven y por allí desfila un conjunto de personajes a cual más curioso, con sus complejidades y vivencias a cuestas, y ninguno –ni el más dogmático ni el más libertino– elude el conflicto que se establece entre su religión y la sociedad que le rodea, La acción progresa a golpe de diálogo, se exponen y debaten toda clase de cuestiones, tanto en relación con las conductas como con el dogma en sí mismo. Si la relación entre ellos resulta entrañable, los asuntos que plantean invitan a la reflexión. Pues, aunque estemos ante un texto de aprendizaje, con un gran contenido religioso y una gran obsesión por la música, se puede disfrutar a cualquier edad, se tengan las creencias que se tengan, incluso si no nos gusta el punk.

THE TAQWACORES – PUBLICACIÓN: 2004 – (EN ESPAÑA: 2014 –EDITORIAL GINGER APE – COLECCIÓN THOMPSON & THOMPSON) – TRADUCCIÓN: JMT & B. Orzos – PÁGINAS: 370

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