Una novela de barrio, de Francisco González Ledesma

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Andaba yo buscando una lectura menos trascendente que las que tengo ahora entre manos, algo policiaco a ser posible, cuando me topé con Una novela de barrio. Confieso que me equivoqué, demasiado trivial para mi gusto. Debería haber ido a lo seguro: desde siempre, he presentido que González Ledesma no me iba a encandilar, precisamente. Por lo demás, el género negro tiene cultivadores que no necesitan sacrificar su buen hacer para atraer a toda clase de público.

El crimen constituye el inevitable punto de partida y, sin embargo, jamás llegamos a conocer la identidad de su autor. Tantas idas y venidas para que ni siquiera se nos presente a un culpable, único elemento garantizado en cualquier ejemplar del género. El menú se completa con un triangulo amoroso, no demasiado convincente, constituido por el sospechoso y dos supuestas bellezas, una ya en decadencia y otra en la plenitud de la vida, definidas como tales pero que no llegan a describirse.

A pesar de su título, creo que no puede localizarse en un barrio concreto. Se trata, eso sí, de la consabida novela urbana, barcelonesa concretamente, que se ciñe con toda fidelidad a los tópicos. La protagoniza el viejo Méndez, policía fracasado que encabeza una serie completa y paradigmática en la obra del autor. Escéptico, sin apenas escrúpulos, tan despiadado como puede esperarse de alguien como  él, enamorado de su profesión y con la coraza previsible tras toda una vida de deslizarse a un lado y otro de la fronteras legales.

Hace tiempo, esta clase de textos solo se vendían en los quioscos y no eran premiados jamás. Con esto no quiero decir que no lo recomiende. Sobre todo en estas fechas, puede ser la compañía más adecuada para evadirse bajo de una sombrilla, con una lata de refresco al lado, siempre que no le exijamos más de lo que puede ofrecernos. Que no reparemos en una ligereza que, ocasionalmente, se pretende subsanar mediante un análisis social somero y no excesivamente perspicaz. Ni en la falta de entidad de unos personajes construidos a base de clichés. Ni en el desaliño que manifiestan muchos de sus párrafos. Ni en unos diálogos inverosímiles y en absoluto adecuados a la identidad de quien habla.


PUBLICACIÓN: 2007 – PREMIO RBA DE NOVELA NEGRA 2007 – RBA LIBROS – PÁGINAS: 304

Comentarios

  1. Óyeme bien, Molina: con esos mimbres, vas a ver como en nada la llevan al cine, juégate algo, si es que no la han llevado ya. Premio RBA 2007. Por lo que cuentas, me huelo que debe de parecerse en cuanto a méritos, por ponerte algo que yo he leído, a una que recibió en 2011 otro premio de novela negra, el L'H Confidencial. Se titulaba "Las niñas perdidas" y su autora era Cristina Fallarás (luego vi que era una tertuliana televisiva bastante acelerada). Un disparate pretencioso, no me extrtaña que en España los premios estén tan desprestigiados. Qué casualidad que los buenos se los llevan todos o escritores consagrados o famosos y los malos o de medio pelo se van en su mayoría a periodistas (ahí está Cristina Fallarás) o a "empleados de la casa" que los concede. Por no hablar de los que se dan a allegados del concejal de cultura de turno, un mundo. Busco en Wikipedia a González Ledesma:
    https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Gonz%C3%A1lez_Ledesma
    Lo dicho: periodista, hombre de Bruguera... ¿Te iba yo a mentir? Y no sé si cuando decías lo de las novelas de quiosco aludías al hecho de que fue el famoso Silver Kane, autor de centenares de aquellas novelas del oeste que tanto éxito tuvieron en los 50 y los 60.
    ¿Te acuerdas de lo que ocurrió en el premio Planeta de 2005?
    Se lo dieron a la escritora (y periodista) María de la Pau Janer y el segundo le cayó al también escritor periodista y además famosete Jaime Baily, y se montó una marejadilla cuando los también en su día premios Planeta Juan Marsé y Rosa María Regás les reprocharon la baja calidad literaria de sus obras, cosa un tanto incomprensible, si se tiene en cuenta que Marsé y Regás habían estado en el jurado que los había premiado. Si tan malas eran las obras, lo digno habría sido levantarse del jurado y negarse a premiarlas, pero... Recuerdo que, en el transcurso de este enredo, Marsé le dijo una vez a Janer que no confundiera la literatura con el mundo literario. Ahí está una importantísima clave de lo que pasa hoy en España con la literatura, no hay mucho más que añadir. Aquí tienes un resumen de aquel episodio nacional:
    http://www.elmundo.es/elmundo/2005/10/16/cultura/1129455698.html

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    1. Y yo que miraba de reojo uno de Vázquez Montalbán que tengo sin leer cada vez que pasaba por delante. Pero, mira, se cruzó este. Lo curioso es que esta vez lo encontré en un quiosco y me costó un euro y pico, pero es que lo daban con El País y eso no cuenta.
      No sé si lo habrán convertido en película. No creo porque su argumento está ya muy visto. Sí, sabía que había sido Silver Kane, lo leí en algún sitio, pero el autor del oeste que leía mi hermano era Lafuente Estefanía. Cuando escribí la reseña, vi en wikipedia que también tuvo un pseudónimo femenino. Ha fallecido este año.
      Pero ha habido escritores de quiosco que trabajaban casi a destajo por motivos económicos y tenían verdadero talento. Cuando era niña conocí a una amiga de la familia, en mi casa estaban todas sus novelas dedicadas, leí alguna a los 12 y me pareció que escribía bien. (Como ves, eso de la crítica me viene de lejos). Bueno, pues luego la estudié en magisterio como reconocida autora de literatura infantil. Ahora eso sería impensable: se triunfa o no, no hay términos medios.
      Hace días que quiero comentar tu artículo sobre Sumisión pero al final te has adelantado.

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    2. Esos escritores eran gente, como mínimo, con oficio. En una famosa entrevista que concedió Lafuente Estefanía (¡la de novelas suyas que se leería mi padre!) allá por los años 80, desveló detalles como que les exigían unos sólidos conocimientos sobre la historia de Norteamérica del siglo XIX, con el fin de que no metieran ancronismos de esos que te hacen perder crédito. Pero no eran ni mucho menos escritores de primera fila ni como para premiarlos; la crítica esa que se les hacía de que todas sus novelas eran iguales está más que fundada.

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    3. En el 79 me enteré de que existía Marcial Lafuente. Ese verano, mientras repasaba los temas de la inminente oposición, mi hermano leía relajadamente esas cosas.
      Pero ten en cuenta que, entre gente que se dedica a escribir, no es extraño que de vez en cuando aparezcan verdaderos escritores. Eso es a lo que me refería más arriba. Solo conozco un caso pero seguro que hay alguno más. Ella, por razones que no vienen al caso, necesitaba vivir de lo que escribía y no podía perder el tiempo haciendo literatura, pero su raza de escritora quedaba patente en sus escritos. Si me daba cuenta yo, que era una mona, supongo que era evidente. No sé si tú la habrás estudiado pero aparece en los textos como autora de literatura infantil. De esto no he leído nada, solo lo he estudiado. Supongo que no se prodigó mucho porque dedicaba todo el tiempo a lo otro, pero tampoco lo sé. Se llamaba Marisa Villardefrancos.

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  2. Hola Molina:

    Gracias por tu reseña, es de esa que ayudan a no perder el tiempo.

    Un abrazo,

    Sonia

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    1. Pues me alegro de verdad. Comentarios así, además de animar mucho, alejan esa impresión de estar hablando al aire que, supongo, tendremos más de uno por aquí. Sí, entra gente al blog, pero ¿leen lo que está escrito? Parece que sí, que alguno hay.

      Un abrazo

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