La gruta y la luz, de Francisco Ruiz Noguera

Este
trabajo, que se alzó con el XVI premio de Poesía Generación del 27, se
encuentra dividido en tres partes (Interiores,
La mirada del paseante y Celebración), más una cuarta, integrada
por un solo poema, titulada Nuevo límite.
Interiores consta
de catorce poemas, el primero titulado significativamente Gruta. Encontramos una segunda gruta más adelante, casi al final de
esta sección. En ambas se alude abiertamente a la introspección, al diálogo del
poeta consigo mismo:
"En lo hondo / se arrellanan los sueños del pasado”
(De Gruta)
“Cierra los ojos / y mira, mira dentro”
(De
Gruta/2)
sin olvidar los elementos materiales de la
metáfora:
"como cae la gota de lo alto / y, en su desprendimiento, / estampa sobre el suelo de la gruta / su carga de pureza cristalina, / su memoria de roca, / su futuro destino de columna.”
O
bien:
“Mira otra vez la gruta, / con sus oscuridades, / sus paredes barrocas –más que cueva–, / con la humedad malsana de sus sueños…”
Asimismo,
encontramos un poema titulado Interiores donde
se debate entre la certeza y la duda, el sueño y la vigilia. Las imágenes (y los
propios vocablos) de luz y sombra son una constante en estos poemas. La luz, al
mostrar lo oculto, permite incluso distinguir los colores. En el reino de la
sombra habitan seres, como El vampiro
incierto, producto del bagaje cultural contemporáneo.
Seguidamente,
el poeta abandona su introspección anterior, incluso sale a la calle introduciéndonos
en la segunda parte: La mirada del
paseante, compuesta por diecisiete ejemplares de prosa poética, ejecutados según
el modelo de Ocnos, poemario de
Cernuda al que cita. En todos ellos, utiliza su mirada de transeunte para
acercarnos a realidades más o menos concretas, espacios, objetos y personas. De
ahí el subtítulo “Para una galería
imaginaria de arte urbano”. Aquí tan pronto deja vagar la mirada sin
propósito aparente como recibe impresiones que le acercan al arte y los artistas. Botero, Giotto, Picasso,
Jackson Pollock y Duchamp, entre otros, le acompañan en su pausado divagar. Como
en Intemporal:
“¿De qué época es este joven del anuncio en la valla? Su traje, estampa florentina de los Médici; el móvil en la mano, imagen del ahora.”
A
veces, en ese vagabundeo atemporal, se fija en los borrones del presente.
“Rota
ya la burbuja del boom inmobiliario, solo algunos pilares de hormigón –inconclusos-,
coronados por varetas metálicas que esperan encofrado, se levantan del
suelo: son columnas truncadas que, antes de tener vida, son ya ruinas vivientes
en un foro fantasma.”
(De Fachadismo)
Celebraciones es,
ante todo, una sinfonía de homenajes. A Cervantes, a Roma, a Lindsay Kemp, a Vicente
Aleixandre, a Degas. El arte es multiforme y su hálito atraviesa la historia: la
obra de Velázquez ve su continuación en la de Francis Bacon en”El otro grito”, que
“No es el grito de Munch, / pero hereda el legado de su fuerza.”
En
este apartado, los escenarios se suceden, encontramos calles y salones de
baile, carnavales y arlequines, en un batiburrillo francamente alegre, muy
alejado ya del anterior talante, taciturno y melancólico.
En
Límites/3, el poema que conforma la
última parte, compara un tren que debe elegir su ruta con su propia labor de poeta
en la que es preciso encontrar la palabra justa huyendo de caminos trillados.
Esto genera en el creador una angustia comparable a la que producen las
incidencias de la vida real.
“Tener / el estilo correcto en la escritura / significa poner / el vagón justamente en los raíles, / pero / ¿dónde están los raíles verdaderos?”
En
palabras de José Infante, este poemario destaca por su “equilibrio entre lenguaje y sentimiento, rigor extremo y voluntad de
estilo”. Yo iría más allá. El poema lírico es comparable a una piedra bien
pulida, por ello, parecería inconcebible que un estudioso como Ruiz Noguera se
conformase con una ejecución desaliñada. Esa necesaria perfección formal es
destacada unánimemente:
“Lo secreto, lo oculto, lo escondido y que debe ser revelado o mantenido en su veladura por la palabra, el instrumento. Todo el mecanismo lleva a "La angustia de elegir en la escritura". La elección de la palabra es la elección en cada momento de la vida. La emoción y la técnica, el "estilo" que es poner "el vagón justamente en los raíles". Y concluye: "¿dónde están los raíles verdaderos?" Nunca se sabrá. El receptor es quien decide.”
Antonio Garrido. Cuadernos del Sur. “Constante y
variables líricas” (10-5-2014)
´No obstante, en poesía, la evidente importancia del
significado no debe distraernos de un factor indispensable, sin el cual esta
obra no sería más que un catálogo más, entre tantos, de buenas intenciones en
el que la lírica apenas deja un ligero rastro. La gruta y la luz, en cambio, contiene todos los requisitos del
talento poético: una conjunción de métrica, fonética y acentuación combinados
de forma precisa para componer un ritmo de elaboración propia, fuera de los
clichés que imponía la poesía clásica y que, aunque restaban libertad al
creador, no cabe duda de que facilitaban su tarea enormemente.
El mito de la caverna
Esa
luz que se abre paso en la oscuridad de la gruta parece aludir a una esperanza,
más o menos concreta, sin la cual no es concebible subsistir. No podemos saber
hasta qué punto, la sugestiva imagen platónica –que tanto ha trabajado en el
inconsciente colectivo desde que su autor la concibió allá por el siglo V a.C.–
planea sobre título y contenidos de este poemario. Pero es indudable su
presencia, aunque solo sea de forma subliminal, en el pensamiento de este
malagueño, profesor de Lingüística en la Universidad de Málaga, que ha
publicado una decena de poemarios siendo galardonado en numerosos certámenes.
La estrategia de Ulises
Nuestro
mundo, el mismo que habitaron los griegos, amenaza con aniquilarnos aunque sea
metafóricamente. La amenaza de sucumbir en el fondo de la gruta, apartados del
aire y la luz por la voluntad del mítico gigante –como cualquier construcción
mental que hunde sus raíces en la propia naturaleza humana– ha logrado
atravesar la historia de tal modo que hoy día aún permanece vigente. Podemos
rastrear la huella de Polifemo, del homérico y del gongorino, en estos versos,
acudir a las imágenes, a los probables sentidos múltiples, pero la última palabra
siempre la tiene el autor y, en su ausencia, sus más reputados críticos.
“… esa “gruta” del título esconde, simbólicamente, al Polifemo del pasado, a un monstruo encarnado en un durmiente –la memoria–a la que el poeta duda si despertar o no, para mantener la calma o dar, sin más, comienzo a “la tormenta” (p. 25)”
(“Las Romas de Ruíz Noguera”. Vicente Luis Mora, Blog literario El Boomerang – 9-5-2014 )
La innovación
Puede
que a estas alturas hayamos olvidado que todos los grandes poetas del pasado,
los que permanecen a pesar de los siglos –tanto en la Edad Media, siglo de Oro
y Romanticismo, como los que vivieron en la confluencia de los dos siglos
anteriores– habían estudiado los textos clásicos a fondo. La poesía no estaba
entonces al alcance de todos, solo de la aristocracia y los clérigos primero y,
más adelante, también de la burguesía, pues eran quienes conservaban las claves
del saber. Y esto es así porque crear partiendo de la nada es, y ha sido
siempre, absolutamente imposible. Si se quiere alcanzar la excelencia, es
preciso hundir profundamente los pies en el limo del pasado manteniendo la
vista fija en paisaje y horizonte. La profesión de Ruiz Noguera es fundamental
desde este punto de vista y repercute en su actitud como poeta pues, sin
abandonar las resonancias clásicas, indaga, experimenta, retuerce, funde,
construye y recrea, permitiendo a su genio crear a sus anchas y alumbrar organismos
nuevos de una factura personalísima.
PUBLICACIÓN:
2014 – XVI PREMIO DE POESÍA GENERACIÓN DEL 27 – COLECCIÓN VISOR DE POESÍA –
PÁGINAS: 85
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