La decadencia de Nerón Golden, de Salman Rushdie


Se pongan como se pongan los que se creen poseedores de la verdad, Salman Rushdie es un escritor enorme, un humanista indiscutible y un valiente. Lo decía en el post anterior y no me cansaré de repetirlo. Sus libros jamás serán
best selllers, y apostaría que quienes le insultan y desean aniquilarle no han leído su obra ni tienen intención de hacerlo, tampoco entenderían una palabra en el improbable caso de que se pusieran a ello. La información que desencadenó todo el pifostio debieron extraerla de fuentes periodísticas, reseñas o comentarios leídos en prensa, o más recientemente, cualquier fuente de la red cuyos autores, a su vez, no sabemos si han leído algún libro suyo completo y, en caso afirmativo, si han entendido lo que leían. Lo que podemos leer entre líneas en la obra de este autor, como en la de otros muchos antes que él, es su apuesta decidida por la tolerancia, su condena a cualquier clase de integrismo, algo que defendió y ha seguido defendiendo por encima de todo, incluso por encima de su propia vida. Pero fundamentalismos hay muchos y no necesariamente religiosos. Dominan nuestro pensamiento las grandes potencias, los grandes capitales, los gobiernos que niegan la libertad de expresión, las grandes corporaciones periodísticas, algunas instancias judiciales, los enormes emporios publicitarios, los gigantes de internet, y todo lobby con suficiente poder para influir en nuestros pensamientos y conductas, para conocer nuestros actos y controlarlos, de forma que sus intereses salgan beneficiados en detrimento de todo lo demás. Incluida
s, por supuesto, quienes lideran las religiones monoteístas. Hay que decir que los citados
  no son, en absoluto, fuerzas independientes y opuestas, al contrario, en su mayor parte coinciden los sujetos que las conforman y en caso contrario se apoyan entre ellos, ya que todos persiguen lo mismo: someter al ciudadano común.

Hasta aquí el espíritu de sus escritos, pero buenas intenciones las hay a porrillo, el mérito está en dar la máxima expresión artística a una obra y hacerlo imprimiendo la propia marca, personal e intransferible.  En el caso de Rushdie, construyendo unos artefactos complicadísimos, y en general bastante extensos, en los que se unen su imaginación desbordante con un manejo impecable de la estructura literaria y del resto de mecanismos que determinan la excelencia de una obra. Nuestro autor combina la fantasía, el sarcasmo, la ideología, la construcción de personajes, una prosa depurada, todo ello bien ensamblado y ofrecido en un estuche narrativo absolutamente original. Los resultados podrían parecer el delirio de un demente, pero comprobamos que todo cuadra, que la mente pensante que hay detrás no deja ni una brizna suelta, aunque constatarlo y disfrutarlo no está, como decía, al alcance de todos. Son textos muy divertidos, pero exigen esfuerzo y experiencia lectora, y eso, como sucede con los genios de todos los tiempos, como Proust, García Márquez, Carpentier etc. no están al alcance de todos.

Resumiendo: la literatura de Rushdie no suele ser realista, no habla de la vida cotidiana, no es lineal ya que mezcla tiempos, espacios, el plano material con el espiritual, donde los muertos resucitan o hablan entre sí desde sus tumbas, algunos tienen la facultad de volar, de adoptar distintas personalidades, incluso de traspasar las paredes o vivir dentro de ellas. Si tenemos la paciencia de seguirle, notaremos que en muchos casos se trata de inocentes tomaduras de pelo elaboradas con mucha inteligencia, y que de quien se ríe no es de los lectores sino del fanatismo o de cualquier otro concepto que el autor considere nefasto para la especie. Dicho esto, me apresuro a aclarar que La decadencia de Nerón Golden no cumple esos requisitos tan generales que acabo de exponer. Es verdad que se narran hechos inexplicables, pero no forman parte del argumento principal y por lo general consisten en creencias de algún personaje o de circunstancias nunca demostradas. Estamos, pues, ante una novela, ciertamente compleja y tan satírica como todas las suyas, pero absolutamente realista y cuyos hechos se exponen en su mayor parte siguiendo un orden cronológico.

¿Quién es aquí el objeto de sus ataques? Pues todo aquel que adquiere un poder omnímodo mediante procedimientos de dudosa moralidad y llevándose por delante a todo el que se cruce en su camino. El protagonista, Nerón, es desde luego el malo malísimo, pero también tiene su almita, y hasta le acabamos cogiendo cariño. Solo un poco ¿eh? tampoco exageremos. El resto posee diversos grados de bondad/maldad pero casi nadie está exento de culpa, así se aparta del maniqueísmo que encontramos en algunas fábulas con preocupaciones éticas.

El argumento se centra en la familia Golden, pero hay secundarios muy relevantes, el de mayor importancia, René, nuestro narrador de cabecera, cuyo rol en los acontecimientos no se limita al de simple cronista, aunque durante la mayor parte del tiempo podamos tener esa impresión. No les voy a contar lo que ocurre, solo que la trama se desborda, tal  como sucede en cualquier vida, debido a acontecimientos impredecibles, que el drama está muy presente, pero también la felicidad y que acaba mal pero también acaba bien. ¿Quién da más?

Si alguno de ustedes lo ha pensado, lo confirmo. Efectivamente, esta novela es un auténtico culebrón, tanto en tamaño como en contenido, pero un culebrón de altísima calidad y, tal como digo y repito, no se presta mucho a que le hinquemos el diente, aunque bastante más que todo lo  de Rushdie que he leído hasta hoy.


TÍTULO ORIGINAL: THE GOLDEN HOUSE - EDITORIAL ESPAÑOLA: SEIX BARRAL - TRADUCCIÓN: JAVIER CALVO - PÁGINAS: 528

Comentarios

  1. Muy compleja lectura con personajes secundarios de tanto calado.

    Gracias por compartir. Un abrazo

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  2. Compleja pero apasionante para mi gusto. Gracias por seguir ahí.

    Me pondré al día con vuestros blogs. Me has dado envidia con el chaparrón, aquí seguimos con la ola de calor y la lluvia ni olerla. Muy rítmico.

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