Las fiebres de la memoria, de Gioconda Belli (*)
Cuando historia, leyenda, aventuras sin fin y una visión crítica de la sociedad pasada y presente se combinan con un indiscutible talento literario encontramos obras como esta. La escritora nicaragüense (**) procede del activismo primero y de la política de partidos más tarde. Esta novela es tan ambiciosa como podamos imaginar teniendo en cuenta los múltiples aspectos que plantea, pero que esto no disuada a nadie, ya que partiendo de antecedentes familiares (sean estos reales, hipotéticos o mezcla de ambos) Belli nos embarca en un viaje singular por tiempo y espacio, tan ameno como perspicaz en sus análisis. Una novela no demasiado extensa y al alcance de cualquiera sin merma de su calidad como artefacto literario.
"¿Qué piensan los enterradores? ¿Qué pensaron quienes cargaron mi féretro en la noche húmeda y calurosa de agosto en París? Irían a paso lento para no tropezar ni deslizarse sobre el musgo húmedo de otras lápidas. Sus hombros creerían soportar el peso del duque Charles Laure Hugues Théobald Choiseul de Praslin, que tras asesinar a su esposa se envenenó. Sospecho que les complacería secretamente llevar a un noble a la esquina apartada del camposanto, dejarlo caer sin miramientos dentro de la fosa recién cavada, darle el entierro propio de un criminal solo, sin familia doliente, o hijos que se preguntaran s esa maldad habitaba en su linaje"
Tranquilos todos. Este es el párrafo con que se inicia el capítulo primero, así que no estoy adelantando nada. Simplemente les hago una pregunta. ¿No les parece atractivo ese principio? ¿No creen que augura grandes sorpresas protagonizadas por tan desvergonzado personaje? ¿No han creído por un momento entrever al tal Charles guiñándoles un ojo con cara de chiste, o más bien y hablando en plata, quedándose con los lectores, vacilándoles con toda su cara dura? ¿A quién no le apetece seguir leyendo? El noble francés, cronista de sus propias peripecias vitales, que a veces rozan lo rocambolesco y siempre nos hacen pensar, debe abandonar su vida de lujo y molicie para escapar a la acción de la justicia. Ese es el motor de toda la trama, pero la huida será constante y mantendrá en vilo a un lector que ya ha olvidado sus particulares código éticos en pro de la simpatía que le inspira el personaje. Ni que decir tiene que, debido a su altísimo rango, la salvación de su pellejo no se debe únicamente a una astucia, que no se le puede negar, ni a la suerte, que suele acompañarle, y es que cuenta con el favor real, nada menos, pues ya quisieran muchos fugitivos esconder un as como ese en la manga. Por otra parte, y tal como era de esperar, todo ese cúmulo de experiencias modifica su personalidad del principio, pero su afición a la buena vida se mantiene intacta hasta el final, como corresponde a un individuo de alta alcurnia que se precie de serlo.
En consecuencia, el viaje que realiza nuestro héroe es tanto interno como externo. Vagabundea, pues, de un lado a otro y, al no conformarse con observar lo que ocurre, se ve necesariamente involucrado en sucesos por los que debe tomar partido. Una dimensión ética muy propia de una escritora cuya ideología ha marcado su actividad desde siempre, tanto literaria como vital.
Y enlazando autora y narrador, observamos un paralelismo clarísimo. Ambos tienen en cuenta el pasado, sobre todo el familiar por parte de él y también, muy especialmente, en el caso de Belli, que ha tejido este relato con los mimbres de una estirpe que ella ha colmado de rasgos novelescos de cosecha propia y sospechosamente filtrados por la óptica de este siglo.
"No hay más páginas en el manuscrito que se encontró enrollado en una lata metálica tubular de galletas danesas. El ingeniero encargado de demoler la casa de mi abuela Graciela en Matagalpa fue quien me llamó con el hallazgo. Dijo que por ser escritora yo sabría qué hacer. Pensé en Borges y en su amigo, Macedonio Fernández. (...) Según la enciclopedia de Tomlinson Cyclopaedia of Useful Arts, que consulté, el tamaño de 40 x 27 centímetros correspondía al papel Elefante Doble, que se fabricaba tanto en Inglaterra como en Francia en el siglo XXIX".
Me encantan los escritores a quienes puedo imaginar con un rictus de guasa mientras escriben, también a los que utilizan viejos tópicos novelísticos y los saben adaptar a sus propósitos. Por estas y otras razones, que expongo más arriba, Gioconda Belli ha conseguido enamorarme y espero no tardar mucho en disfrutar otra vez de su fina ironía.
PUBLICACIÓN: 2018 - EDITORIAL ESPAÑOLA: SEIX BARRAL - PÁGINAS: 368
(*) A principios de esta misma semana se le ha concedido el XXXII premio Reina Sofía de poesía iberoamericana.
(**) El Tribunal de Apelaciones de se le ha concedido el XXXII premio Reina Sofía de poesía iberoamericana retiró dicha nacionalidad en febrero del año en curso a la autora de esta novela, junto a otras personalidades relevantes del país, por sus discrepancias políticas. Posteriormente, ella aceptaría la nacionalidad chilena ofrecida por el presidente Gabriel Boric.
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